A través de la atención y de la intención, nuestra mente se extiende hacia el mundo fuera de nuestro cuerpo. Los campos extendidos de la mente ayudan a explicar la sensación de ser observado y la telepatía.
Una de las formas más simples de vida animal, la ameba unicelular , nos proporciona una metáfora que ayuda a reflexionar sobre la mente extendida.
Algunas especies de amebas viven en estanques y se alimentan de bacterias.
Las amebas se mueven enviando proyecciones al mundo que las rodea denominadas seudópodo, que significa literalmente “falsos pies”.
Algunos se retraen, mientras que otros se extienden en una dirección diferente.
Aunque las amebas son animales muy primitivos, algunas células parecidas a ellas –ameboides- forman parte de nuestra propia estructura celular. Como en todos los animales complejos, las células ameboides son vitales para nuestra supervivencia. El ejemplo más extremo de células ameboides es el nervio.
Algunas células nerviosas llamadas axones tienen proyecciones similares a seudópodos increíblemente extendidos que sirven de fibras por las que viajan los impulsos nerviosos.
Cuando los axones crecen, envían muchas proyecciones que exploran el área que rodea a la punta del axón en crecimiento.
Las células nerviosas tienen muchos axones, algunos de ellos se proyectan hacia la superficie de otras células nerviosas formando redes de interconexiones.
Algunos se extienden desde el cerebro o la médula espinal a los órganos de los sentidos y otros lo hacen hasta los músculos y las glándulas para desencadenar su actividad si es necesario.
No es coincidencia que la mente tenga sus raíces en una red de células nerviosas con axones como seudópodos extendiéndose más allá de la parte principal del cuerpo celular.
Por su lado, la mente es capaz de enviar seudópodos mentales fuera del cuerpo y formar redes de interconexiones con otras mentes.
Mediante los campos sociales, los seudópodos de atención e intención unen a una persona con otra. Los lazos entre la gente sirven como canales de transferencia de pensamientos.
Son el medio para las llamadas telepáticas, para la detección telepática de intenciones y para la sensación telepática de sufrimiento y de muerte a distancia.
«... ¿ Que es lo que a usted le alerta, un día o dos antes de un accidente? Cuando un animal siente venir de antemano un terremoto, podría ser que tuviera una premonición simplemente sensorial : insignificantes emanaciones de gas, microcambios del magnetismo terrestre pueden ocurrir antes de un seísmo y no ser percibidas sino por algunos seres, algunas especies. La precognición es más misteriosa y más controvertida. Nadie tiene realmente pistas. Es una cuestión abierta. Podemos ponerla en relación con la teoría general que propongo en mi libro que es la idea de mente extendida : nuestra mente se extiende más allá de nuestro cerebro, al igual que las ondas telefónicas sobrepasan nuestros teléfonos. El cerebro y el cuerpo no son más que una parte del sistema. El problema de la ciencia actual es que supone que la mente se limita al cerebro. Esto no esta probado, pero la ideología materialista hizo de ello un dogma. Es un callejón sin salida que inhibe la investigación y la perturba. Es también un derroche de mil millones de dólares cada año, en busca de imposibles soluciones. Por eso la psicología académica así progresó poco.
Pienso, por mi parte, que nuestro espíritu se extiende en el espacio, y también en el tiempo. Nuestras intenciones se extienden hacia el futuro. Por ejemplo, la intención de irse de fin de semana al campo supone todo un plan que se extiende en el espacio y en el tiempo, con tipos de seudópodos mentales.
La telepatía no es supernatural o paranormal, es natural y normal, y es también un campo común compartido entre la gente, especialmente la gente que se conoce bien. Somos ya familiares con la idea de los campos que se extienden más allá de los objetos materiales en los cuáles se arraigan: por ejemplo los campos magnéticos se extienden más allá de las superficies de los imanes; el campo gravitacional de la tierra va más allá de la superficie del planeta, manteniendo la luna en órbita; y los campos de un teléfono móvil se extienden hacia fuera más allá del teléfono mismo. Asimismo los campos de nuestras mentes se extienden más allá de nuestros cerebros. »
Adaptado de una entrevista para la revista francesa Nouvelles Clés